Los médicos residentes becarios de Chile ¿a dónde van?

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[author] [author_image timthumb=’on’]http://residenteschile.cl/wp-content/uploads/2013/05/logo_cedip.jpg[/author_image] [author_info]Editorial de Ricardo Gómez publicada en la página web del Centro de Estudios Perinatales, cedip.cl. Artículo original en http://cedip.cl/index.php?tc=5&id=729[/author_info] [/author]

Hubiera querido que mi hijo fuera médico. Después de ser una buena persona y ser -y hacer- feliz, el deseo más noble que podemos abrigar para las personas que más amamos. La profesión médica ejercida con cariño, pasión y sacrificios, me dio satisfacciones al otorgarme la oportunidad de hacer realidad los sueños que tenía para mí, para los míos, y -tarea en progreso constante- para los demás. Pero hace algunos años todo comenzó a enrarecerse.

El médico que mis maestros me enseñaron a ser

Hago 2 “medias tardes” de consulta por semana. Mi cariño por el quehacer profesional, el que le da sentido esencial a nuestro rol, tuvo hace años un límite de 10 minutos por paciente, ahora son 15 en una clínica razonable, pero en realidad me cuesta que sean menos de 20, lo que ocurre a expensas de una disminución de ingresos (bloqueando horarios, práctica vista con recelo por mis jefes financieros, pero aceptada por mi jefe de servicio, el único a quien debo lealtad, respeto y admiración). Así que terminé con el mismo número de pacientes, más tiempo ocupado y menos plata. Así las atiendo como a mí me gusta (y me enseñaron), y suelen perdonarme los atrasos y molestias que esa modalidad provoca, pero creo que refleja el modo en el que a una paciente -que todavía busca en su médico algo más que una receta- le gusta que la atiendan. Entonces llego tarde a mi departamento, mi familia ya se acostumbró a dejarme un solitario plato de comida esperando y mi futuro médico ya está durmiendo, probablemente soñando en no llevar una vida como la que lleva su padre, cuyos fines de semana son absorbidos por el trabajo académico que hubo que postergar por una costumbre que no quiero que herede: una obsesión que a veces es más defecto que virtud y … decir casi siempre que sí.

El especialista que ya no es tan feliz

Mi trabajo en ecografía, un quehacer y una pasión, ocupa el resto de mis tardes, con el mismo supuesto de los 15 minutos impuestos por los técnicos, y la misma realidad de los 20, 30 o más minutos por paciente. Es una tarea a veces compleja y cada vez con más frecuencia, teñida con la tristeza de dar malas noticias. Diez de la noche y mi futuro médico debe estar detestando la idea de ser como su papá, por muy bacán o satisfecho que se sienta cuando me escucha hablar de buenos resultados, cuando gracias a su madre me dan la sorpresa de estar entre los integrantes de un auditorio, de algunos regalos que le llegan de rebote y porque la suerte y diosito me han acompañado hasta ahora y no ha visto la decepción, impotencia e injusticia que suelen asociarse a la inmensa mayoría de las demandas contra médicos, en una instancia que marca el lugar al que nos han llevado estos años de potenciación de la relación cliente-prestador, y rematar en ese despropósito que significó regular nuestro sagrado vínculo con nuestros pacientes y transformarlo en una ley, que tiene rasgos de franca ridiculización de nuestra profesión, conviertiendo a nuestras pacientes en potenciales enemigas y a los médicos en eventuales victimarios.

Hijo, sé el músico que yo no pude ser, o el periodista honesto que todavía tiene lugar en algunos medios de comunicación, o el escultor que querías ser hace un par de años, el paleontólogo a tus 7 ¿te acuerdas? En realidad, elige lo que a los 17 años creas que te puede hacer una buena persona. Una persona feliz, si te aferras a tus convicciones y no te dejas arrastar por la excesiva complacencia con un sistema que no te quiere, sino que te usa. Con todos mis errores, incluyendo el dejarte ver los tiempos más oscuros de nuestra profesión, espero tener la autoridad moral para que en algunos años pueda hablarte de consecuencia, de justicia y libertad de elegir.

¿A dónde van nuestros médicos becarios?

Esta historia la voy a postergar como elemento de juicio para quienes quieren elegir ser médicos creyendo que todavía somos personajes de Cuerpos y Almas o -para tomar un ejemplo más contemporáneo, confuso, pero excepcional al fin y al cabo- unos Dr.House. Es curioso que la gente olvide, que en lo más fundamental de nostros, somos personas comunes y corrientes.

Quiero pedirles que a modo de colofón, reparen en la delicada situación de nuestros médicos residentes-becarios. Aquellos que ya eligieron este camino, mayoritariamente, con un sentido afán que nos recuerda aquellos principios que seguimos enseñando con encendida convicción en nuestras aulas y hospitales, sólo para descubrir que hay agrios desafíos esperando. Pero dejemos que ellos nos cuenten su historia (de “El Problema”, en www.residenteschile.cl), para que Ud. juzgue informadamente aquello que suele ser motivo de frasecitas clonadas, superficilales o simplemente ignorantes.

http://residenteschile.cl/el-problema/

En uno de nuestros Coloquios Perinatales (un miércoles venidero, por CedipTV Live), Ud. podrá conversar con ellos, por si se quedó con dudas, o simplemente no está de acuerdo. La invitación queda hecha.

[author] [author_image timthumb=’on’]http://residenteschile.cl/wp-content/uploads/2013/05/logo_cedip.jpg[/author_image] [author_info]Editorial de Ricardo Gómez publicada en la página web del Centro de Estudios Perinatales, cedip.cl. Artículo original en http://cedip.cl/index.php?tc=5&id=729[/author_info] [/author]

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