Acoso Sexual contra Residentes

#TimeIsUp #MeToo #NiUnaMenos son una expresión de un fenómeno que se da por saturación. A nivel mundial, las mujeres decidimos que no es suficiente con tener derecho a voto, con que se diga que tenemos igualdad de derecho y con que podamos trabajar. Queremos más y ese más, no es una demanda tan complicada. Es más, suena tan básico estar peleando en el siglo XXi para que no nos mate nuestra pareja que cree que le pertenecemos, para no ser violada o para que se respete nuestro espacio personal al caminar.

Bueno, Ya basta. Nos cansamos del maltrato que recibimos sólo por ser mujer. En el ámbito del quehacer médico, el maltrato por ser mujer es pan de cada día. Desde la formación hasta el ejercicio de la profesión el acoso y maltrato psicológico es más habitual de lo que creemos. En la “cultura médica” el maltrato está naturalizado. Cuando somos alumnos se nos humilla, cuando somos internos también; luego somos “becados” (residentes) y creemos que al ser médicos se nos respetará al fin, pero esto no siempre sucede. Ya el maltrato verbal y psicológico es habitual para ambos sexos, pero el abuso de poder a las mujeres está tan naturalizado que cuando grupos de residentes han denunciado a docentes maltratadores, son las mismas universidades las que esconden el polvo bajo la alfombra. Son los colegas que prefieren proteger al miembro del equipo y hacen vista gorda: “sí, el doctor es raro, pero es parte de nuestro equipo y la ropa sucia se lava en casa”.

Como agrupación recibimos denuncias grotescas de acoso laboral y sexual que suceden en pabellones: “Desde ahora Ud. Doctorcita es la nana”, “Veamos como maneja la palanca la doctora” (en contexto de cirugía laparoscópica). Médicos que, sistemáticamente, maltratan a las residentes mujeres, a sus colegas por embarazarse, a otras profesionales de la salud, frente a la vista paciente de otros médicos, de las autoridades de hospitales y de las mismas universidades que tanto publicitan sus protocolos de acoso, pero que al momento de actuar frente a una denuncia no son capaces de desvincular a estos médicos.

Conocemos casos de residentes (mujeres) que han tenido que renunciar a su beca porque las universidades no las han dejado cambiar de hospital cuando han denunciado maltrato, por ejemplo. Y que además deben sufrir las consecuencias de la renuncia. Es decir, terminan pagando una multa millonaria (6000 UF) por no terminar la especialidad y quedar inhabilitadas por 6 años del sistema público. Me pregunto: ¿Hasta cuándo? Si Ud. Es del tipo de médico que hace la vista gorda, bueno le informo que es cómplice. Si Ud. Recibió una denuncia y no actuó en consecuencia: es cómplice. ¿Hasta cuándo? ¿De verdad creemos que estos médicos maltratadores se comportan así sólo con las residentes? ¿Le gustaría a Ud. atenderse con un médico que tiene tan mal concepto de la mujer?

Merecemos respeto, no porque somos profesionales igual que nuestros colegas hombres, sino porque somos mujeres y seres humanos en igualdad de derecho. Basta ya! No más cultura del maltrato en la medicina.

Dra. Samanta Anríquez

Secretaria Orientación Legal Residentes Chile

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