Educación sexista

En los últimos días nuestra nación ha visto una convergencia de agrupaciones y fuerzas feministas que persiguen generar conciencia sobre las injusticias que se cometen contra ellas sólo por el hecho de ser mujeres.
La raíz de todas estas injusticias pareciera ser una permanente búsqueda de coartar sus libertades, ya sea en sus carreras profesionales, estudios, tránsito e incluso su propio cuerpo y en esto el Estado, las iglesias, las empresas o cualquier estructura que funciona con un orden jerárquico tienden a tener un rol de complicidad en estas opresiones y se justifican en los afectos, la fuerza física, el rol de madre e incluso en los ciclos menstruales para denostar y humillar a las mujeres.
El orden jerárquico es parte de la naturaleza de todos los animales, pero ¿no debieran las jerarquías modernas regirse por atributos a la altura de los tiempos modernos? ¿Sigue siendo tan importante la fuerza física y la competitividad? o, ¿debiéramos elegir a nuestros líderes por sus logros intelectuales y su capacidad de empatía y reflexión?
Desde principios del Siglo XX hemos visto como exponencialmente ha aumentado el número de las mujeres en las casas de estudio y las academias científicas; mientras que desde la segunda mitad del mismo siglo hemos visto su incorporación masiva al mundo laboral en roles que antiguamente eran de exclusividad para los hombres. El desarrollo de maquinarias y medios digitales de producción han nivelado para que la fuerza física (dada por la estatura y masa muscular que favorecen al hombre en la especie humana) cada vez sean menos relevantes para la productividad.
Hemos visto a las mujeres ganando el derecho a voto, a no depender de padres o maridos y a ganar el poder de elegir cuando (y si) quieren tener hijos. Se ve como absurdo que hayan existido tiempos donde no los hubieran tenido.
Pero aún hay camino por recorrer. Las mujeres no tienen la visibilidad adecuada en los cargos directivos en las universidades chilenas y por ende en las escuelas de medicina. Además de los 6 premios nacionales de medicina, entregados cada 2 años, ninguno lo ostenta una mujer. Lo cual es curioso dado a que somos la nación de Eloísa Díaz, la primera mujer médico de Sudamérica y ahora por primera vez en su historia una mujer, Izkia Siches (miembro fundadora de Residentes Chile) preside el Colegio Médico de Chile.
Se coartan las libertades de las mujeres al no permitirles su desarrollo profesional y académico basado simplemente en su sexo y se buscan todo tipo de argumentos, similares a los previamente mencionados.
Llama la atención que en una carrera donde aproximadamente 60% de las matriculadas son mujeres y donde prácticamente el 50% de los tutores de internados son mujeres, los altos cargos de la dirección universitaria estén casi monopolizadas por hombres… ¿acaso las colegas no se esfuerzan como los colegas? ¿No publican en revistas de alto impacto como sus pares? ¿No exponen en congresos o sacan adelante turnos inmisericordes como sus compañeros?… Claramente hacen lo mismo que los colegas y son conductas discriminatorias amparadas en principios arcaicos las que están mutilando la visión global que sólo se puede tener cuando actores de ambos sexos participan en las decisiones.
Las consecuencias de estas prácticas de denostar a las mujeres se manifiestan en discursos de segregación como “esta es una especialidad para hombres” o “embarázate luego para zafar del turno” y para que decir la retórica de los pacientes donde los hombres son “médicos” o “doctores” y las mujeres “señoritas”.
Es en estas fechas que pedimos más transparencia y probidad a la hora de elegir cargos universitarios, para terminar de colaborar con un sistema en el cual las personas creen que pueden restringir las libertades de las mujeres.
Estas marchas y manifestaciones sientan las bases para la lucha por las libertades civiles de las mujeres que van en sintonía con nuestro compromiso de condenar y terminar con el acoso y abuso de las residentes; evidenciado en la Encuesta Nacional de Acoso Sexual y Laboral de Residentes Chile en el 2017.
Esta consigna la debemos defender todos, en todo ámbito, unos en las calles, otros en las escuelas, otros en las universidades y algunos en hospitales y consultorios. Unos marchando y todos cambiando sus actitudes cotidianas.

Para terminar una frase de Martin Luther King: “Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas”.

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