Más no es mejor: Limitar las horas de turno NO disminuye aprendizaje ni exposición clínica, y SI mejora bienestar, vida familiar y calidad de la educación de los residentes

De acuerdo a los resultados del estudio iCOMPARE (Individualized Comparative Effectiveness of Models Optimizing Patient Safety and Resident Education) limitar las horas de turno de los residentes no disminuye la proporción de su horas dedicadas a la educación y a la atención de pacientes. Donde si hubieron diferencias fue en la satisfacción de los residentes y de los docentes.

Este estudio randomizado y multicéntrico, asignó a un programa “flexible” vs. el estándar a 63 programas con más de 6.000 residentes en Estados Unidos durante un año. Si bien ambos programas tenían como límite máximo 80 horas a la semana, con 24 horas libres cada 7 días mínimo, el grupo estándar tenía las siguientes limitaciones: máximo 16 hrs. de turno para los residentes de primer año, y 24 hrs. para los de los años siguientes. El grupo “flexible” no tenía ninguna limitación en las horas de turno, más que las 80 hrs. semana.

Los resultados no mostraron diferencias significativas en el tiempo dedicado a la atención directa de pacientes para los residentes en programas flexibles (13.0%) frente a los programas estándar (11.8%; p = .21). Tampoco hubo diferencias en las notas  68.9%, vs 69.4%.

En comparación con los residentes del programas estándar, aquellos en programas flexibles tenían casi 2.5 veces más probabilidades de reportar insatisfacción con su bienestar general (OR 2.47; CI 95% 1.67 – 3.65) y 6 veces más probabilidad de reportar insatisfacción con la forma en que el programa afecta sus vidas personales con amigos y familiares (OR, 6.11; CI 95%, 3.76 – 9.91). También informaron más de 1,5 veces más de insatisfacción con la calidad general de la educación (OR, 1,67; CI 95%, 1,02 – 2,73).


Sin embargo, ambos grupos informaron tasas de burnout igualmente altas: 79% para programas flexibles y 72% para programas estándar.

Por otro lado, los directores de programas de programas estándar eran más propensos que aquellos de programas flexibles a reportar insatisfacción con varios aspectos de la capacitación. Por ejemplo, los directores de programas estándar informaron una mayor insatisfacción con la calidad y la frecuencia de las entregas de turno y la idoneidad de la enseñanza al lado de la cama, así como la capacidad de los residentes para gestionar a los pacientes que ingresan y la eficiencia de su trabajo clínico.

En una editorial del mismo número, el Dr. Graham McMahon (Accreditation Council for Continuing Medical Education, Chicago) concluyó:

“La contribución del ensayo iCOMPARE puede no ser determinar si se prefieren las horas de trabajo flexibles o estándar, sino más bien si el sistema de salud y los líderes educativos escuchan la súplica de los residentes a reformar nuestros entornos de aprendizaje clínico para priorizar a las personas. La respuesta de nuestra profesión a esta advertencia debería convertirse en el legado duradero de este estudio”

Fuentes: NEJM, NEJM y Medscape

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