El Minsal y la Rebelión de los Médicos Jóvenes

Residentes, compartimos con ustedes la columna publicada hoy en El Mostrador por Alberto Larraín titulada “El Minsal y la Rebelión de los Médicos Jóvenes”, donde expone una síntesis precisa de lo que es nuestra problemática y las dificultades que hemos encontrado para obtener respuestas de las autoridades involucradas.

Les dejamos un fragmento de esta genial columna:

“Lo que el Ministerio de Salud no ha logrado comprender es que hoy existe una generación de médicos que está dando una pelea no sólo por clausulas ilegales y  arbitrarias en sus  contratos, sino que se encuentra ante una generación que tal como ha ido ocurriendo en educación busca posicionar una contienda ideológica respecto a si se puede seguir o no precarizando un sistema de Salud Estatal. Una generación que quiere tener la posibilidad de desarrollarse en el sector público y no tener que trabajar en el sector privado porque concibe a la salud no como un bien individual o de consumo, sino como un bien comunitario y un derecho.”

 

QUELLÓN DECLARACIÓN PÚBLICA RESIDENTES CHILE

En relación a los lamentables hechos ocurridos en Quellón, como Residentes Chile, agrupación de médicos en especialización en el sector público,  Declaramos:
1. Entendemos la salud como un derecho fundamental que debemos  Resguardar como sociedad. Por esto, llamamos a no separar los intereses de trabajadores y usuarios de la salud, sino revelar que ambos se ven sometidos a malas condiciones que imposibilitan una buena acción clínica. Creemos necesario que los trabajadores de la salud junto a la ciudadanía denunciemos estas malas condiciones, para avanzar en su resolución.
2. Damos nuestro apoyo a los Médicos Generales de Zona, que trabajan en las zonas más aisladas del país con la población de menor acceso a la red. Reconocemos el gran esfuerzo que realizan para entregar atención de calidad, donde muchas veces no existen condiciones mínimas para hacerlo.
3. Nos sumamos al rechazo expresado por el Colegio Médico de Chile A.G., con respecto a sindicar al gremio médico como culpable de situaciones que responden al abandono de nuestros hospitales y consultorios, tolerado por más de 30 años. Lo sucedido en Quellón se debe a la falta de recursos humanos, infraestructura e insumos clínicos común a nuestra red de salud a lo largo del país.
4. Rechazamos la acción del Ministro de Salud, al no esperar el resultado del sumario, asumiendo la eventual culpabilidad de los médicos cuestionados. Esta acción intenta ocultar las carencias de la red y la sobreexplotación del recurso humano, de la que las autoridades políticas son principales responsables.
5. Nos encontramos en una situación lamentable: hoy el sistema público no tiene la capacidad para enfrentar las necesidades de salud de forma adecuada. Lo ocurrido en el Quellón se repite diariamente en la Atención Primaria Urbana, los Centros de Atención Secundaria (CRS y CDT) y los Hospitales Docentes donde nos desempeñamos como Residentes.
6. Como médicos, hacemos una autocritica de cómo hemos visto por décadas, y sin mayor reacción, el proceso de precarización de la red pública e implementación de políticas que han tendido a contraerla, beneficiando directamente el crecimiento de una lucrativa industria privada, mediante un millonario traspaso de recursos. Es momento de ponernos del lado de la gran mayoría de los chilenos y trabajar por un fortalecimiento del sistema público que permita atención de calidad para todos, sin la brutal segregación actual.
7. Hacemos un llamado a los chilenos a incorporar la discusión de salud en el centro de la agenda pública, junto a educación; para iniciar juntos, academia, gremios y usuarios, un movimiento ciudadano que tenga como objetivo central el urgente fortalecimiento de la red pública de salud.

Vender hasta el alma para especializarse

[author] [author_image timthumb=’on’]http://profile.ak.fbcdn.net/hprofile-ak-prn1/592223_317998405303_2102474176_q.jpg[/author_image] [author_info]Artículo publicado en matasanos.org por Joe. Artículo original aquí: http://matasanos.org/2013/03/21/vender-hasta-el-alma-para-especializarse/[/author_info] [/author]

Hace un tiempo atrás, Artangelo comentó el problema sobre los especialistas que tenemos en este país. En ese post, nos ayudan a despejar algunas dudas respecto a comentarios sobre la falta de médicos o la falta de especialistas en algunos hospitales públicos de Chile. Al final del artículo, podemos entender que no faltan especialistas, lo que falta es una distribución más adecuada de ellos.

La gran parte de los médicos jóvenes al egresar postulan para realizar un programa de formación en especialidad. Al finalizar esta, la gran mayoría de 3 años, acumulan un nivel de deudas bastante importante, por lo tanto la opción de trabajar en el sistema privado es mucho más atrayente que en los hospitales o consultorios públicos, sobre todo si entendemos que los sueldos fácilmente se duplican o triplican cuando nos movemos al área privada.

Hace un par de años que el Ministerio de Salud plantea como solución volver al sistema “antiguo”, en el cual las especialidades eran financiadas por el Estado. En palabras del propio ministro “Que ningún médico joven tenga que endeudarse para especializarse”. Obviamente esto es un gran pro, sobre todo para aquellos que no pueden financiarse o no desean (o pueden) estudiar y trabajar simultaneamente.

La idea del proyecto es que ya no existan los cupos “autofinanciados” en las especialidades, y que todos participen en alguno de los programas ya existentes: Médicos en Destinación y Formación (Generales de Zona), Formación en Especialidad para Atención Primaria (Becas APS) y el Concurso Nacional de Formación de Especialistas (CONE, ex FORDIR). En estos programas, el médicos es contratado por algún Servicio de Salud, el cual le paga un sueldo y financia su especialidad, con el compromiso de devolución por una cantidad de años definida (según el programa, la devolución es antes, durante o después de la especialidad).

Lamentablemente, existen bastantes cosas que no se han resuelto sobre este tema. Particularmente en los que tenemos que devolver posteriormente (los becados APS como yo y los CONE/FORDIR), no está definido en donde ni en que sistema de horarios tendremos que devolver (22 horas? 44 horas? 22-28?). Tampoco sabemos si esto será en el hospital, en un consultorio, etc.

Por otro lado, existe un tema no resulto respecto a la calidad de funcionarios que tendrán los futuros médicos en formación. Actualmente los programas de especialización están regidos por al menos 5 artículos distintos de la ley médica. Desde el año pasado se viene escuchando la noticia que el MINSAL quiere que los futuros médicos en formación financiados por el Estado sean contratados bajo una nueva figura legal de “becario”, sin ser un médico contratado por un servicio de salud. Esto implicaría que el médico en formación no puede cotizar en la seguridad social (ISAPRE/FONASA y AFP) y que tampoco tendría derecho a hacer carrera funcionaria (todos los empleados públicos tienen diversos beneficios durante su vida)

Esto implicaría en un médico joven recién egresado, con deudas por pagar su formación de pregrado, sin la posibilidad de cotizar para su futuro y quien difícilmente podría trabajar (por la carga académica que implica una especialidad).

Es por esto que los Residentes de especialidades han decidido juntarse y comenzar a trabajar en conjunto para lograr un acuerdo que beneficie al país, aportando los especialistas en los lugares donde se necesita, permitiendo a su vez que el médico en formación pueda desarrollarse no solo como profesional si no también como persona.

[author] [author_image timthumb=’on’]http://profile.ak.fbcdn.net/hprofile-ak-prn1/592223_317998405303_2102474176_q.jpg[/author_image] [author_info]Artículo publicado en matasanos.org por Joe. Artículo original aquí: http://matasanos.org/2013/03/21/vender-hasta-el-alma-para-especializarse/[/author_info] [/author]

Los médicos residentes becarios de Chile ¿a dónde van?

[author] [author_image timthumb=’on’]http://residenteschile.cl/wp-content/uploads/2013/05/logo_cedip.jpg[/author_image] [author_info]Editorial de Ricardo Gómez publicada en la página web del Centro de Estudios Perinatales, cedip.cl. Artículo original en http://cedip.cl/index.php?tc=5&id=729[/author_info] [/author]

Hubiera querido que mi hijo fuera médico. Después de ser una buena persona y ser -y hacer- feliz, el deseo más noble que podemos abrigar para las personas que más amamos. La profesión médica ejercida con cariño, pasión y sacrificios, me dio satisfacciones al otorgarme la oportunidad de hacer realidad los sueños que tenía para mí, para los míos, y -tarea en progreso constante- para los demás. Pero hace algunos años todo comenzó a enrarecerse.

El médico que mis maestros me enseñaron a ser

Hago 2 “medias tardes” de consulta por semana. Mi cariño por el quehacer profesional, el que le da sentido esencial a nuestro rol, tuvo hace años un límite de 10 minutos por paciente, ahora son 15 en una clínica razonable, pero en realidad me cuesta que sean menos de 20, lo que ocurre a expensas de una disminución de ingresos (bloqueando horarios, práctica vista con recelo por mis jefes financieros, pero aceptada por mi jefe de servicio, el único a quien debo lealtad, respeto y admiración). Así que terminé con el mismo número de pacientes, más tiempo ocupado y menos plata. Así las atiendo como a mí me gusta (y me enseñaron), y suelen perdonarme los atrasos y molestias que esa modalidad provoca, pero creo que refleja el modo en el que a una paciente -que todavía busca en su médico algo más que una receta- le gusta que la atiendan. Entonces llego tarde a mi departamento, mi familia ya se acostumbró a dejarme un solitario plato de comida esperando y mi futuro médico ya está durmiendo, probablemente soñando en no llevar una vida como la que lleva su padre, cuyos fines de semana son absorbidos por el trabajo académico que hubo que postergar por una costumbre que no quiero que herede: una obsesión que a veces es más defecto que virtud y … decir casi siempre que sí.

El especialista que ya no es tan feliz

Mi trabajo en ecografía, un quehacer y una pasión, ocupa el resto de mis tardes, con el mismo supuesto de los 15 minutos impuestos por los técnicos, y la misma realidad de los 20, 30 o más minutos por paciente. Es una tarea a veces compleja y cada vez con más frecuencia, teñida con la tristeza de dar malas noticias. Diez de la noche y mi futuro médico debe estar detestando la idea de ser como su papá, por muy bacán o satisfecho que se sienta cuando me escucha hablar de buenos resultados, cuando gracias a su madre me dan la sorpresa de estar entre los integrantes de un auditorio, de algunos regalos que le llegan de rebote y porque la suerte y diosito me han acompañado hasta ahora y no ha visto la decepción, impotencia e injusticia que suelen asociarse a la inmensa mayoría de las demandas contra médicos, en una instancia que marca el lugar al que nos han llevado estos años de potenciación de la relación cliente-prestador, y rematar en ese despropósito que significó regular nuestro sagrado vínculo con nuestros pacientes y transformarlo en una ley, que tiene rasgos de franca ridiculización de nuestra profesión, conviertiendo a nuestras pacientes en potenciales enemigas y a los médicos en eventuales victimarios.

Hijo, sé el músico que yo no pude ser, o el periodista honesto que todavía tiene lugar en algunos medios de comunicación, o el escultor que querías ser hace un par de años, el paleontólogo a tus 7 ¿te acuerdas? En realidad, elige lo que a los 17 años creas que te puede hacer una buena persona. Una persona feliz, si te aferras a tus convicciones y no te dejas arrastar por la excesiva complacencia con un sistema que no te quiere, sino que te usa. Con todos mis errores, incluyendo el dejarte ver los tiempos más oscuros de nuestra profesión, espero tener la autoridad moral para que en algunos años pueda hablarte de consecuencia, de justicia y libertad de elegir.

¿A dónde van nuestros médicos becarios?

Esta historia la voy a postergar como elemento de juicio para quienes quieren elegir ser médicos creyendo que todavía somos personajes de Cuerpos y Almas o -para tomar un ejemplo más contemporáneo, confuso, pero excepcional al fin y al cabo- unos Dr.House. Es curioso que la gente olvide, que en lo más fundamental de nostros, somos personas comunes y corrientes.

Quiero pedirles que a modo de colofón, reparen en la delicada situación de nuestros médicos residentes-becarios. Aquellos que ya eligieron este camino, mayoritariamente, con un sentido afán que nos recuerda aquellos principios que seguimos enseñando con encendida convicción en nuestras aulas y hospitales, sólo para descubrir que hay agrios desafíos esperando. Pero dejemos que ellos nos cuenten su historia (de “El Problema”, en www.residenteschile.cl), para que Ud. juzgue informadamente aquello que suele ser motivo de frasecitas clonadas, superficilales o simplemente ignorantes.

http://residenteschile.cl/el-problema/

En uno de nuestros Coloquios Perinatales (un miércoles venidero, por CedipTV Live), Ud. podrá conversar con ellos, por si se quedó con dudas, o simplemente no está de acuerdo. La invitación queda hecha.

[author] [author_image timthumb=’on’]http://residenteschile.cl/wp-content/uploads/2013/05/logo_cedip.jpg[/author_image] [author_info]Editorial de Ricardo Gómez publicada en la página web del Centro de Estudios Perinatales, cedip.cl. Artículo original en http://cedip.cl/index.php?tc=5&id=729[/author_info] [/author]

Adiós examen médico, ¿qué hacemos ahora con la calidad?

Columna original publicada en El Mostrador

La filtración de 12 preguntas en la última versión del Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina (Eunacom) dio cuenta del estado de jaque en que está esta prueba, cuestión no menor si se considera que busca evaluar la calidad de atención de salud que puede recibir la mayor parte de la población. El día lunes, de forma inesperada, nos hemos enterado a través de la prensa que el Ministerio de Salud, responsable final de dicho examen, ha decido no considerarlo más como mecanismo de habilitación de los médicos, traspasando toda la responsabilidad a la cuestionada acreditación de las universidades y sus carreras. Preocupante e inentendible, más aún cuando decanos de las facultades de medicina del país, representantes del Colegio Médico y estudiantes, declaran la unilateralidad de esta medida, omitiendo los intentos de regulación a través de una mesa de trabajo entre estas entidades.

Es difícil vislumbrar la gravedad sin entender la historia detrás. El examen nacional se implementó por primera vez el 2001, con el objetivo de conocer el nivel de los egresados de medicina y dar retroalimentación a las facultades de la disciplina, cuestión que seguía experiencias internacionales de estandarización. Durante este primer tiempo, desde la academia se daba una buena lectura del proceso, ya que buscaba nivelar la calidad de la desregulada educación superior. Por lo mismo, durante los años siguientes, fue tomando gran relevancia, surgiendo importantes conflictos derivados de la presión pública que comenzó a existir: los resultados del examen, a pesar de la limitada información que entregan de la calidad de la formación de los médicos egresados, comenzaron a llenar portadas de diarios, lo que derivó en una insensata competencia entre las escuelas de medicina por disputarse los mejores resultados, y así aumentar su matrícula. Por si fuera poco, el año 2008 se instaura por Ley el Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina (Eunacom), que agrega una nueva función al examen: habilitar a los médicos para trabajar en el sistema público. Con esto, el examen es sacramentado, de él dependían la calidad tanto de universidades como de los mismos médicos.

El proceso se desvirtuó de tal forma, que comenzó a ser más rentable mostrar mejores resultados en el examen que en la misma acreditación, a pesar que entregaban información contradictoria. Las universidades comenzaron a invertir más en formación teórica -más económica- que en formación clínica y actitudinal de los médicos, surgiendo una suerte de “preuniversitarios” en las escuelas de medicina, con el fin de mejorar sus resultados de forma rápida, sin la necesidad de mejorar el proceso de formación en su conjunto. Paradójicamente, un proceso de aseguramiento de calidad, se convirtió en un instrumento que afectó negativamente la formación, centrándose la competencia en un indicador teórico imperfecto, omitiendo además competencias prácticas. ¿Usted se operaría con un médico que sabe teóricamente como realizar una cirugía pero que nunca la ha realizado? Contra toda lógica, todos consideraban como mejor escuela la que mostrara mejores resultados en el examen, omitiendo otros indicadores.

Con este panorama, es casi predecible la filtración de preguntas de fines del 2012, si se considera que las mismas facultades que rendían el examen, lo confeccionaban, con la gran presión existente por lograr buenos resultados. Con este diagnóstico, médicos recién egresados agrupados en “Médicos por Chile” se movilizaron y plantearon cambios drásticos al EUNACOM que acabaran con los incentivos para las malas prácticas, y dieran a la vez, la opción de avanzar a una evaluación más integral de los recién egresados: definir claramente el rol habilitante de la prueba, con resultados dicotómicos de aprobado/reprobado, dejando de ser utilizado para realizar un ranking y para seleccionar en especialidades. Además, crear una institución autónoma con un alto estándar de calidad para la confección, administración y mejora del examen. Con esto como base, se conformó una mesa de trabajo para lograr una reforma que se ajustara a las necesidades del Chile de hoy, y no pusiera en entredicho la calidad y el proceso de formación de las escuelas de medicina.

El jaque llegó el día lunes a primera hora, cuando el Ministerio de Salud anunció su intención de cambiar unilateralmente la Ley, quitando el carácter habilitante al examen para egresados de escuelas acreditadas, excluyéndose al mismo tiempo del problema actual, pero sin solucionarlo. Peor aún, descalificando el trabajo entre estudiantes, médicos y universidades. La justificación de esto fue dada por el mismo Ministro Jaime Mañalich: “Si una universidad reconocida por el Estado dice que uno de sus estudiantes alcanzó el título de médico ¿Quiénes somos nosotros para decir que no?”. Sorprendente, sobre todo con los fundamentados cuestionamientos realizados hoy en día a la acreditación de las universidades. Un simple ejemplo, en Chile existen 28 escuelas de medicina, y todas están acreditadas, incluida la Escuela de Medicina de la Universidad del Mar, caso emblemático de mala calidad y abusos que incluso llevaron a su cierre.

Con la decisión unilateral del ministerio hemos quedado sin una forma de medir calidad de los médicos del país, la acreditación claramente no cumple su rol, y ahora no habrá examen que asegure lo básico. Se ha tratado de minimizar el problema a través de la prensa diciendo que es marginal el número de médicos que no lo han aprobado, pero entre 2010 y 2011, fueron 116 doctores que lo reprobaron ¿Usted se atendería con ellos?, y eso que lo preparan de forma dirigida. Un examen teórico no puede medir a un profesional en su totalidad, pero si un mínimo, sin conocimientos no se puede realizar una buena práctica, aunque claramente, tenerlos tampoco la asegura.

Además, el examen sigue existiendo, y tal como declaró el ministro, “esto da la oportunidad para que vuelva a sus objetivos originales”, seleccionar y generar un ranking, los principales incentivos que llevaron al problema actual. Es decir, mientras se buscaba avanzar hacia un examen habilitante que asegurara un mínimo de calidad en los médicos, y diera la oportunidad de utilizar bien el indicador como uno más dentro del proceso de evaluación de calidad, el Ministerio de Salud optó por seguir el camino contrario, eliminando su carácter habilitador, potenciando su rol categorizador, lo que mantiene la lógica del mercado de la educación, posibilitando que universidades de baja calidad hagan marketing y se posicionen a través de la prueba, perpetuando los problemas actuales.

Aún no existen certezas en este proceso, faltan las reacciones de estudiantes, médicos, universidades y la sociedad en su conjunto. Aún falta la decisión parlamentaria. Hay que ser enfáticos, el examen no es la solución a los problemas de la formación de médicos, debe tomarse de forma correcta, como un indicador más de muchos otros que miden calidad. Sería ideal no necesitarlo, pero en las condiciones actuales, dejarnos sin un instrumento en base al cual trabajar por la calidad, es al menos cuestionable. Más aún si ese mismo instrumento se potencia como un factor negativo en el sistema. Cuando la educación está en crisis, se topa con la salud en crisis, como en este caso, hay que evaluar los  procesos más allá de los determinantes y consecuencias inmediatas. Es de esperar que seamos capaces de avanzar hacia un proceso que asegure un ejercicio médico de calidad, que se conecte y pueda aportar a mejorar la realidad social del país.